jueves, 02 de septiembre de 2010

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"Si Mantiene su excelencia en la Docencia e Investigación, Cayetano Heredia continuará atrayendo a los Mejores Estudiantes y su Futuro Estará Asegurado".

¿Algunos comentarios sobre su experiencia profesional y docente?

Pude conseguir una de las tres plazas como residente en neurología en Rochester -a pesar de lo tarde que postulé- debido a una “inesperada vacante”: un alumno de un antiguo colega del jefe del departamento, quien había sido aceptado, se suicidó pocos meses antes de iniciar su residentado. Luego de seguir un curso de repaso de inglés durante tres semanas en la Universidad de Columbia, para disipar mis temores de no poder comunicarme bien en lengua inglesa, inicié mi entrenamiento en el departamento fundado y dirigido por el profesor Robert Joynt -uno de los más ilustres neurólogos norteamericanos del último medio siglo-, en plena actividad hasta ahora como “Profesor Universitario Distinguido de Neurología”, después de haber sido decano de medicina. Los cuatro años que pasé con mi maestro Joynt fueron muy satisfactorios, y a él le debo lo más importante de mi formación neurológica; recientemente él ha escrito el prólogo de un libro mío sobre déficit de atención, que aguarda su publicación. A Frederick Horner, también de Rochester, le debo mi formación en neurología pediátrica y el consejo de hacer un fellowship antes de regresar a Lima -“en Johns Hopkins o en Harvard”-; por gestión personal de él mismo conseguí pasar un año en la cuna de la medicina moderna.

En el Hospital Strong Memorial nos cruzábamos a diario con varios profesores eméritos -que tenían nombres de auditorios y salas de conferencias-, cuya longevidad era atribuida a lo mucho que tenían que caminar todos los días, pues sus pacientes estaban desperdigados por todo el hospital; entre ellos estaba William Bradford, distinguido pediatra y bacteriólogo, quien cuando nos presentaron se mostró orgulloso de haber sido el pediatra de los hijos de Alberto Hurtado durante sus años en Rochester.

En Johns Hopkins -donde no tuve la suerte de conocer a Frank Ford, el fundador de la neurología pediátrica, pues había fallecido pocos meses antes de que yo llegara- pude participar en los rounds de Guy McKhann y John Freeman, notables neuropediatras, además de mis actividades como fellow en enfermedades neuromusculares.

La magia de la Internet me ha proporcionado en el último año un túnel del tiempo, que me ha permitido reencontrarme con dos estudios en los que participé hace tres décadas y media y de los cuales no había vuelto a tener noticia: el primero fue en Rochester con Ward Bullock, infectólogo experto en la inmunología de la lepra, y el segundo en Johns Hopkins con la neurogenetista británica Sarah Bundey; pude encontrar los datos de ambas publicaciones y en el primer caso puede imprimir el texto completo.

A mi regreso a Lima, me incorporé a la docencia en nuestra universidad, primero en el Departamento de Ciencias Fisiológicas, por razones circunstanciales, y luego en el Departamento de Neurología. Desempeñé mi labor asistencial en el Hospital Cayetano Heredia como neurólogo adscrito, primero al Departamento de Medicina y luego al departamento de pediatría, teniendo a mi cargo el consultorio de neuropediatría -también fui jefe del Laboratorio de Apoyo de Enfermedades Neuromusculares-, labores que desempeñé hasta 1981. Desde entonces me he dedicado fundamentalmente a la práctica privada en neurología y neuropediatría en el Instituto Médico Miraflores, a donde me había llevado en 1973 el distinguido internista Carlos Petrozzi. Después de un largo paréntesis, hace seis años me reincorporé al dictado del curso de neurología, por invitación de Patricia Campos.

En los últimos doce años he promovido la formación de asociaciones de padres, de las que soy neurólogo asesor fundador; primero fue la Asociación Síndrome de Tourette del Perú y luego la Asociación Peruana de Déficit de Atención. Con la primera de ellas coordiné un curso internacional en el año 2002 y estoy colaborando con la Universidad Católica en la organización y dictado de un seminario internacional programado para junio del 2006 -con la participación del neurólogo y ensayista británico Oliver Sacks-, sobre los Síndromes de Tourette y de Asperger. En la Asociación Peruana de Déficit de Atención me encargo de la parte médica de los boletines electrónicos trimestrales y de la página web ( www.deficitdeatencionperu.org), representándola en congresos internacionales y colaborando en la difusión del tema en los medios de comunicación. Recientemente una nueva asociación que reúne a familiares de personas con el Síndrome de Asperger, me ha designado su neurólogo asesor. Como se puede ver, en los últimos tiempos mi labor es fundamentalmente en el área de la neuropsiquiatría pediátrica, que estoy intentando promover en nuestro medio.

¿Qué piensa de la UPCH y de su futuro?

En la década de los años setenta regresamos de los EE.UU. -luego de completar nuestro entrenamiento como residentes- muchos médicos que nos involucramos intensamente en la docencia hospitalaria en Cayetano Heredia. Por esa época se tendía a idealizar exageradamente a los alumnos fundadores, a quienes algunos profesores llamaban “los originales”, contraponiéndolos a los estudiantes de esa década. Yo opinaba que ellos nos habían superado, y terminaba con una broma: “Es muy explicable que sean mejores alumnos de lo que nosotros fuimos... tienen mejores profesores”.

Cayetano Heredia se ha constituido, en sus cuatro décadas y media de existencia, en sinónimo de excelencia médica en el Perú. Brindando una eficiente educación ha sabido atraer -a lo largo de su historia- a los jóvenes más brillantes que han querido estudiar medicina; ellos actualmente destacan en el mundo académico y profesional. En la medida en que mantenga su excelencia en la docencia y en la investigación, Cayetano Heredia continuará atrayendo a los mejores postulantes y su futuro estará asegurado.

¿Qué consejo les daría a los jóvenes estudiantes?

Cuando yo era estudiante -en una ceremonia organizada por la AEMCH-, como miembro de su primera junta directiva me tocó decir un breve discurso por el día de la medicina peruana; refiriéndome a Daniel A. Carrión lo identifiqué como el estudiante inquieto, contraponiéndolo al estudiante conformista. Ese discurso fue tomado como punto de partida por Leopoldo Chiappo para su conferencia y el texto me lo pidió un estudiante varias promociones posteriores a la mía, Juan Enrique Mezzich, quien manifestó sentirse identificado con lo que expuse. El mensaje fue que el estudiante inquieto no se conformaba con los conocimientos existentes sino que pugnaba por ir más allá. Este es el consejo que les daría a los jóvenes estudiantes de la UPCH, recomendándoles que sean exigentes consigo mismos y con sus profesores.

Para terminar, les recordaría que no hay que descuidar la cultura humanística; a mí la música académica y la buena literatura me han acompañado.

Gracias doctor Filomeno por concedernos su tiempo para realizar la presente entrevista.