jueves, 09 de febrero de 2012

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"Se Buen Amigo. Deja el Egoísmo. Acepta la Verdad. Se Disciplinado y Ordenado " .

Entrevista al doctor Luís Sirotzky Gonzáles, integrante de la IX Promoción de Medicina 1971, actual Tesorero del Peruvian American Endowment ( PAE), realizó su postgrado en medicina interna y sub-especialidad de nefrologia en el Presbyterian St. Luke’s Hospital en Chicago, Illinois (1973-1978) y la práctica privada en los hospitales JFK Medical Center Atlantis, Florida y Bethesda Memorial Hospital en Boynton Beach Florida. Medical Director de South Palm Beach Diálisis Center en Lake Worth y Delray Beach, Florida (1978-2000). Actualmente médico retirado (internista/nefrólogo) voluntario de la Clinica Caridad en Boynton Beach Florida.

 

 

 

 

¿Cuáles fueron sus motivaciones para estudiar medicina?

Creo que mi motivación empezó a la edad de diez años. Cuando me preguntaban que quería ser de grande, mi respuesta siempre era: “ser médico para curar a los pobres”. Cuando cursaba mi educación secundaria ya tenía la vista puesta en medicina. No tenía familiares cercanos (padres, abuelos, tíos u otros) que hubieran ejercido la profesión médica, por lo que no tuve ninguna influencia familiar en mi decisión de llegar a ser médico algún día. Caso curioso que en dos ó tres oportunidades presenté lipotimias al ver la jeringa y la aguja cuando me tenían que colocar una inyección. Me preguntaba: ¿Podré ser médico? ¿Podré operar?.

Recuerdo una anécdota durante el curso de biología/anatomía en mi educación secundaria; en un examen final oral, una pregunta era sobre las cuatro cavidades del corazón, mi confusión de poder explicar cuales eran las aurículas y los ventrículos fue tal, que el jurado me mandó al mercado central a comprar un corazón de res para que viéndolo, aprendiera.

A pesar que mi familia era de recursos económicos limitados, yo quería estudiar medicina en Cayetano Heredia. (“La Cayetano” como se decía). No entendía mucho sobre las “famosas” pensiones escalonadas ni me preocupaba como mis padres iban a costear los gastos. La preparación para el examen de ingreso la empecé durante mi último año de secundaria. A partir de las 6 de la tarde recibía clases en la conocida academia “Cayetano Heredia” del doctor Marcial Ayaipoma. La preparación fue muy buena. Muchos de los que nos preparamos en esa academia logramos el ingreso a nuestra querida “Cayetano”.

¿Puede señalarnos algunas vivencias de su vida universitaria?

Como todo herediano creo que existen muchas. Algunas de ellas ya han sido revisadas en otras entrevistas. Me parece que la vida universitaria de los cuatro primeros años resalta mucho más que la de los siguientes cuatro años finales. El examen de ingreso fue exhaustivo, con mucha tensión y varias horas respondiendo preguntas de todo tipo. Creo que el total era entre 1,000 y 1,200 postulantes. Ingresé con el puesto 42 de 60 ingresantes. La emoción de ver mi nombre entre uno de los 60 es inolvidable hasta el día de hoy. Desde el local de Belén me fui corriendo por el Jirón de la Unión hasta llegar a la tiendecita que tenía mi papá, en la esquina con el Jirón Cuzco. Entré corriendo y gritando ¡ ingresé, ingresé, ingresé! ¡Qué momentos!. Ahí empezó una nueva vida para mí.

Los estudios universitarios eran tan diferentes a los estudios de secundaria que me tomó tiempo adaptarme. Obtener un 18 o un 20 de nota en la secundaria no requería mucho esfuerzo, pero lograr un 12 en los cursos de pre-médicas (primero y segundo año universitarios) requería estudiar horas de horas y muchas amanecidas.

El compañerismo, las nuevas amistades, el fulbito, los estudios, el ambiente familiar, los exámenes, las clases de muchos profesores, entre ellos, el doctor Rómulo Puga, el doctor Fernando Porturas, el ingeniero Carlos Núñez, el doctor Leopoldo Chiappo y el doctor Enrique Fernández, entre otros son inolvidables.

Un hecho importante de una gran consecuencia en mi vida, ocurrió durante el tercer año de medicina. Teresa Tiffert, compañera de clase del grupo B, hacía trabajos de investigación con el doctor Carlos Monge (“Choclo”) y debido a eso, se me presentó la oportunidad de hacer unos estudios en la altura. El doctor Drumond Rennie del “Presbyterian St. Lukes’s Hospital” de Chicago vino de visita a nuestra Universidad con ideas de estudiar la fisiología renal de individuos que vivían en alturas por encima de 4,000 metros. Teresa me presentó al “Choclo” Monge y al doctor Rennie. Me pasé dos semanas colectando muestras de sangre y de orina en 2 minas cerca a La Oroya. Varios años después, ya en Estados Unidos, me puse en contacto con el doctor Rennie y con su recomendación logré ingresar al famoso “Presbyterian St. Lukes’s Hospital” para hacer no sólo mi residentado en Medicina Interna sino también los siguientes dos años y medio de “fellowship” en Nefrología. A través de este Boletín le doy mis más profundo agradecimiento a Tere Tiffert y al ahora difunto, nuestro querido Carlos “Choclo” Monge que lograron ponerme en el camino que me llevaría a muchísimos logros en mi vida profesional.

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