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"Hay que Vivir con Fe, ser Autentico y Perseverantes en Nuestros Actos "
Entrevista al doctor Amador Carcelén Bustamante, Profesor Emérito de la Universidad Peruana Cayetano Heredia.
Le agradecemos, doctor Carcelén por concedernos esta entrevista y empecemos con la primera pregunta ¿Nos gustaría conocer algunos aspectos relacionados con su infancia y adolescencia?.
Nací en Barrios Altos en Lima, cuna del criollismo, contaba con cinco años de edad cuando vi el entierro del maestro Don Felipe Pinglo. De niño era inquieto, creo que no he cambiado mucho con los años, era amiguero, tenia mi “patota”, hacíamos “palomilladas”, bueno debo confesar que también trompeador, a pesar que usaba anteojos y claro, jugaba pelota en la calle, después se convirtió en futbol, afición que he conservado hasta hace pocos años. Siempre me gustó la polémica, la argumentación, tanto así que uno de los apodos que tuve fue “Don Porfirio” de porfiado, mi familia pensaba que iba a orientarme para una carrera de letras, tipo Derecho, me parece que tenía condiciones, ¡no sé!. Estudié en los colegios Santo Toribio de Mogrovejo y San Agustín en el centro de Lima. Esos años infantiles y de adolescencia le ponen el sello a la persona, recuerdo que teníamos una radio donde escuchaba emisoras del extranjero, en la casa había una buena biblioteca donde pude leer desde muy temprano a escritores como Hermann Hesse, Calderón de la Barca, Lope de Vega y otros, era una lectura muy variada la que tuve y leía mucho a pesar de lo que comenté que era inquieto.
¿Cuáles fueron sus motivaciones para estudiar medicina?
Una de las cosas que me impactó en la infancia fue la visita del doctor de la familia a la casa, no sé si fue buena ó la mala suerte, depende como se mire, de padecer de paludismo crónico. Tuve esta enfermedad durante varios años y recuerdo que era diciembre el mes que me empezaba la fiebre, venía el doctor, me dejaba una recetita y me sentía otro, a mi me parecía maravilloso todo este proceso, en esa época se utilizaba la quinina, como ustedes conocen no era un tratamiento curativo pero si cortaba el ataque agudo, hasta años después que aparecieron otros medicamentos. Alguna vez me colocaron la quinina por vía intramuscular, terminé cojo por compromiso probablemente del ciático. Mi enfermedad me marcó de tal manera que yo sabía que sería médico. En esa época había mucho paludismo en Lima, me enteré años después, que incluso los pacientes que se hospitalizaban en el Hospital Dos de Mayo con otra enfermedad terminaban con paludismo ¡la pileta central del hospital estaba llena de mosquitos!.
¿Puede comentarnos de su paso por la universidad?
Mi promoción estuvo conformada por 900 estudiantes cuando ingresamos y terminamos un poco más de 300, nuestra Promoción se llama Centenario y los miembros de ella nos seguimos reuniendo. En ese tiempo el examen de admisión se realizaba a través de un examen escrito y los que aprobaban este examen pasaban a una prueba oral, por supuesto que había influencias de los políticos de turno, recuerdo que me tocó un jurado sumamente estricto con el cual pasaba uno de diez postulantes. En los primeros años existían tres grupos; A, B y C, los años de Premédicas se hacían en la Casona y se pasaba al local de San Fernando en la avenida Grau para el primer año de medicina. Conformamos un grupo de estudio llamado los “epístemones”, interesados en el conocimiento y no cerrados sólo al estudio de la medicina. Muchos de los integrantes de este grupo han alcanzado el éxito profesional, como Waldo Fernández, José Arana, profesor de nuestra universidad y fallecido prematuramente, Homero Campos, Luis Fernan-Zegarra, Alberto Ramírez y muchos más. El grupo se reunía en algunas oportunidades en mi casa de Barrios Altos, donde mi madre preparaba la cena para todos los que se quedaban a estudiar, acerca de estas vivencias he escrito un artículo en una revista médica.
De mis años de estudios, recuerdo con mucho aprecio al doctor Carlos Bustamante, durante el cuarto año, en una reunión clínico-patológica le preguntó a varios sobre el caso que se presentaba, levanté la mano y respondí adecuadamente, se estableció una grata relación maestro-alumno. Una vez me dijo “la vida es breve; la ocasión, fugaz; la experiencia, engañosa; el juicio, difícil”, frase que recuerdo y tengo presente.
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