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"El Estudiante Herediano debe Abocar sus Esfuerzos a una Formación Profesional e Intelectual de Alta Calidad "
Aparte de mi experiencia como miembro del equipo de trabajo que fue a Kuyo Chico, otras vivencias que atesoro son las personales. Desde el primer año en Belén, se nos unieron alumnos que estudiaban en el extranjero incluyendo los que venían de la “República Independiente” de Arequipa; entre ellos, hubo uno, Renato Alarcón, que me empezó a llamar por teléfono para revisar mis notas de Estadística ya que él no había llevado ese curso en Arequipa y debería tomarlo como requisito para graduarse en Cayetano Heredia. Recuerdo que mi padre (mi madre había fallecido tempranamente, el año anterior) me decía, “dale lo que quiere para que ya no llame”. El resultado de estas llamadas, fue obviamente diferente y debo decir que al final mi padre estaba tan feliz como yo. A poco de mi graduación luego de la finalización de mi internado (Renato se había graduado el año anterior) nos casamos y poco después, en agosto de 1967, partimos a Baltimore, Maryland para nuestro entrenamiento de Postgrado.
¿Algunos comentarios sobre su experiencia profesional y docente?
A nuestro regreso al Perú en 1972, y antes de emigrar nuevamente a los EE.UU., tuve la oportunidad de enseñar a alumnos de Pregrado, así como de constituir el primer programa de Postgrado en Reumatología. Ambas experiencias, incluyendo el conseguir un local apropiado para la atención de pacientes reumatológicos, las conservo en mis recuerdos de manera muy especial. A mi llegada al Perú en 1972, los pacientes reumatológicos sólo podían ser atendidos los viernes por la tarde, ya que el consultorio que compartíamos con otras sub-especialidades de Medicina Interna estaba ocupados todos los otros días; conseguir los fondos, los permisos (del Ministerio de Salud, de la Municipalidad, del Hospital y de la Universidad) y los materiales, así como supervisar la construcción de la “Unidad de Reumatología”, me enseñaron mucho en relación a numerosas cosas. En conjunto, esta fue una experiencia muy positiva. Recuerdo con particular aprecio, las palabras del entonces Rector de la Universidad, el Dr. Homero Silva (a quien afectuosamente yo llamaba Don Homero): “Este es un evento histórico porque cuando se empezó el proyecto, sencillamente nadie, absolutamente nadie creía que iba a llegar a su culminación”. Me sentí muy orgullosa de haber sido parte de un pedazo de historia en la Cayetano Heredia de entonces. Fue en esta Unidad que se entrenaron los primeros reumatólogos peruanos. Hace poco me enteré de que el local, inaugurado en 1979, ha sido demolido.
A mi regreso a EE.UU., mi labor docente ha sido fundamentalmente a nivel de Postgrado, es decir de fellows clínicos, y en los últimos 5 a 10 años, de investigación. Con fondos especiales del Mary Kirkland Center (Cornell University Medical School) y de Rheuminations, Inc. he tenido la suerte de poder entrenar fellows de España y de diversos países de Latino América, los cuales han recibido experiencia directa en investigación clínica. Estos estudiantes de “post-Postgrado”, utilizando la base de datos de una cohorte multiétnica de pacientes con lupus (LUMINA) establecida el año de 1993 bajo los auspicios del National Institute of Arthritis and Musculoskeletal and Skin Diseases, han estudiado diversos aspectos del lupus eritematoso sistémico. Este programa se ha extendido por un año más (2006-2007) con la idea de reclutar en Latino América profesores universitarios de jerarquía intermedia (Profesores Asociados) así como de fellows que estén interesados en dedicar esfuerzos a la investigación clínica en lupus una vez que regresan a su país de origen. Los graduados del programa han sido y son colegas altamente productivos, habiendo presentado sus trabajos en Congresos de la especialidad en EEUU y Europa, y los han publicado en revistas de gran prestigio internacional. De hecho, las publicaciones originales de LUMINA sobrepasan por ahora las 35, y muchas más se encuentran en diversos estadíos de preparación. Indudablemente, me siento enormemente orgullosa de haber contribuido a la formación profesional de estos jóvenes colegas, así como de los logros de nuestro equipo de trabajo: el nombre “LUMINA” es ahora reconocido por reumatólogos (y otros especialistas que atienden a pacientes con lupus) alrededor del mundo. Personalmente, he tenido el privilegio de presentar datos sobre nuestra cohorte en diversos centros universitarios EE.UU., así como en Colombia, Argentina, Perú, Puerto Rico, Francia, Inglaterra, Escocia y España y China.
Experiencias adicionales gratificantes durante mis 26 años y algo más en UAB incluyen el reconocimiento por parte de la Arthritis Foundation con el premio “Virginia Engalitcheff” por mejorar la calidad de vida del paciente reumático (1997) y de la Universidad como la “Profesora de Año” (2003); además en el año 1998, se me otorgó la cátedra “Jane Knight Lowe” de Reumatología en Medicina, una distinción de la Presidente de UAB y de su directorio, del Presidente del sistema universitario del Estado de Alabama y, por encima de todo, de mis colegas en el Departamento de Medicina y en la División de Reumatología.
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