jueves, 09 de febrero de 2012

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"El Estudiante Herediano debe Abocar sus Esfuerzos a una Formación Profesional e Intelectual de Alta Calidad "

Entrevista a la doctora Graciela S. Alarcón, MD, MPH, Jane Knight Lowe Chair of Medicine in Rheumatology Division of Clinical Immunology and Rheumatology The University of Alabama at Birmingham (UAB). Birmingham, Alabama, USA; egresada de la Facultad de Medicina de nuestra Universidad, III Promoción 1966 “René Gastelumendi”.

 

 

¿Cuales fueron sus motivaciones para estudiar Medicina?

Crecí en Lima, de padre profesional y madre laborando en el hogar en los años 50; aunque mi madre no fue profesional siempre se asumió (y se nos estimuló) para que mis hermanas (y hermanos) siguiéramos estudios universitarios. En esa época ya las mujeres entraban al campo profesional aunque todavía eran minoría dentro de casi todas las profesiones convencionales, Medicina incluida. No habiendo ni médicos en la familia, menos aún mujeres médicos, no tuve un “modelo” al cual emular. De esta manera, mi decisión de entrar a Medicina (y no a Enfermería o Pedagogía como muchas compañeras de Colegio) fue enteramente basada en el conocimiento teórico e indirecto de la profesión, de lo que ella ofrecía a quien la practicaba (fundamentalmente, el respeto y la consideración de la comunidad), pero también de lo que el profesional pudiese ofrecer a la sociedad y a sus semejantes. Me fascinaba la idea de poder servir a los menos favorecidos y de hacer algo sustantivo por ellos. Estas reflexiones, sin embargo, se daban “en abstracto” ya que mi contacto con médicos había sido, a Dios gracias, escaso; en aquel entonces no se usaba hacer chequeos anuales, o cosas por el estilo a los niños. Me preguntaba, por otro lado, si la sociedad estaba dispuesta a incorporar entre sus filas a mujeres y cuales serían las posibilidades de desempeñar exitosamente las labores profesionales, así como las que eventualmente podía requerir mi condición de mujer (madre y esposa).

¿Puede señalarnos algunas vivencias de su vida universitaria?

Estudié Premédicas en San Marcos (una verdadera y triste pérdida de tiempo) y cursé el primer año de Medicina en San Fernando. Al producirse la renuncia masiva del profesorado sanfernandino, terminamos ese año a "capazos" y con profesores rescatados de diferentes lugares del país. Todavía recuerdo la gran dificultad que uno de estos improvisados docentes tuvo para explicarnos el desarrollo embrionario de las bolsas faríngeas. Ante ese caos la decisión de unirnos a nuestros profesores renunciantes y entrar a Cayetano Heredia no fue muy difícil. Recuerdo los años en Cayetano Heredia como los mejores de toda mi vida universitaria. Éramos un grupo pequeño, en un campus también pequeño; hubo amplia oportunidad para dialogar y confraternizar no sólo entre nosotros los alumnos sino con los profesores, algo que no había sido posible en San Fernando. Deseosos de poner en práctica nuestra misión de servicio a la comunidad, formamos, bajo el liderazgo de nuestro tempranamente desaparecido compañero Pepe Arana, un grupo de trabajo que llevó a cabo un programa de extensión y servicios de salud en las comunidades de Kuyo Chico y aledañas, en el Cusco; grupos similares se formarían subsecuentemente, pero el nuestro fue sin embargo trabajo pionero. Comprometimos a varios de nuestros maestros (Drs. Hugo Lumbreras, Carlos Carrillo y Juan Baertl) y otros profesionales, de manera tal que estuvimos preparados no sólo técnicamente sino también culturalmente (recuerdo nuestras clases de quechua, así como charlas enormemente interesantes del Doctor Carlos Monge Medrano y de José María Arguedas, entre otros). Así premunidos, realizamos investigaciones sobre el estado nutricional de los niños (nacen con peso, talla y circunferencia cefálica normal pero, al dejar de recibir la lecha materna --desmamantarse, en el lenguaje popular--, gradualmente se alejan de las curvas de crecimiento), sobre el nivel de contaminación de las fuentes de agua (todas estaban contaminadas) y sobre el nivel de parasitismo (encontramos, por ejemplo, que algunos parásitos considerados tropicales y no adaptables a las alturas, eran frecuentes entre los pobladores de esas comunidades). Fueron meses intensos de preparación y de trabajo de campo que culminaron con un informe presentado a las autoridades universitarias, al Ministerio de Salud, y a la entidad que nos solventaba. Nuestro “grant” de una fundación educativa norteamericana fue por un total de $1000.00 en 1963 y con ello solventamos el viaje, estadía y equipamiento de ¡catorce personas! entre alumnos y profesores que participaron en aquella, para mí, memorable jornada.

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