jueves, 09 de febrero de 2012

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"El Herediano debe practicar la medicina que humaniza de veras, el altruismo que ennoblece, la amistad que dignifica, la lealtad que enaltece"

Entrevista al Dr. Renato Alarcón Guzmán , (Miembro de la 3ª. Promoción (1965) “Alberto Hurtado”, Facultad de Medicina, Universidad Peruana Cayetano Heredia. Actualmente, Profesor de Psiquiatría, Mayo Clinic College of Medicine; Jefe de División, Inpatient Psychiatry and Psychology; Medical Director, Mayo Psychiatry and Psychology Treatment Center y Mood Disorders Unit; Consultor, Mayo Clinic, Rochester, Minnesota, Estados Unidos.

 

 

 

¿Cómo se decidió a ser médico? ¿Cuáles fueron sus motivaciones más profundas en su elección de la carrera?

 Crecí en un ambiente en el que la medicina como carrera, como profesión y como filosofía de vida era materia de reverencia y enorme respeto. Mis padres, ambos educadores, hablaban siempre de la misión esencialmente humana y humanística del médico. No era menos importante el hecho de que mi madre había solventado prácticamente la carrera de tres primos hermanos mucho mayores que yo y, en su prédica más o menos cotidiana, acariciaba la idea de que si sus sobrinos eran médicos, ella esperaba que alguno de sus hijos también lo fuera. De mis experiencias con visitas a consultorios médicos por problemas de salud en niñez y adolescencia, lo que más me maravillaba era aquello que percibía como conjunción milagrosa de sabiduría (habilidad diagnóstica, elección de un tratamiento preciso, curación rápida resultante de la toma de una pastilla o de la administración de una inyección), seguridad, convicción y auténtica calidez humana. Si algunas imágenes de nuestros primeros años tienen carácter mítico e incambiable, eso fue lo que situó a la medicina en la esperable posición que tuvo para mí en todo momento.

Pero, se dieron además otras dos situaciones que hicieron mi decisión mucho más fluida y coherente. Ellas tienen, además, una dimensión mas bien telúrica, se vinculan a Arequipa, mi tierra. La primera fue más allá de la medicina, en cuanto que me orientó precoz pero decisivamente hacia el campo de especialización que escogí más adelante: la psiquiatría. Estando en Segundo Año de Media, mi padre me obsequió un ejemplar del libro Psicología escrito por Honorio Delgado y Mariano Iberico; al hacerlo, mi padre me dijo quien era Delgado: el psiquiatra más famoso del Perú, hombre sabio y generoso que, además, era arequipeño. El mensaje quedó allí, grabado de manera imborrable, como estímulo intenso, como promesa implícita. Lo que jamás imaginé por cierto fue que, diez años más tarde, estrecharía las manos y dialogaría con ese sabio al que orgullosamente podía llamar mi paisano.

La segunda experiencia ocurrió cuando ya era alumno de pre-médicas en la Universidad de San Agustín y oficiaba también como “periodista” en el Diario El Pueblo de mi tierra. La volcánica Arequipa es, como sabemos, parte de una zona sísmica claramente delineada. En 1958 y 1960 presencié dos terremotos de gran magnitud que generaron enorme sufrimiento colectivo y emergencias médicas de todo tipo. Digo, “presencié” porque a Dios gracias nada serio ocurrió en mi casa o en mi familia, pero en mi función periodística fui enviado a varios hospitales a recoger información de primera mano sobre las consecuencias de los sismos. Ví una vez más a médicos en acción, encarnación viviente de los “hombres de blanco” que describe Mann en La montaña mágica, trabajando sacrificadamente para aliviar algo de aquel sufrimiento. Las escenas que me tocó ver y vivir, sólo confirmaron mi decisión de adentrarme aun más, de entender mejor tal vez, las esencias de aquellas experiencias traumáticas en seres humanos víctimas de desastres totalmente impredecibles.

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