jueves, 09 de febrero de 2012

 inicio  contactos  mapa de sitio

 

 

 

 

N° Visitante
1040243

 
regresar  

"Soy Testigo que Recibí una Educación de Excelencia"

Entrevista al doctor Julio Lara-Valle, egresado de nuestra Facultad, Promoción 1968 Humberto Aste Salazar, Presidente del Peruvian American Endowment, actualmente labora como consultante en Alergia Pediátrica en el Hospital St. Mary of Nazareth, es profesor asistente en la Facultad de Medicina de la University of Illinois y práctica en su clínica de Asma, en la ciudad de Chicago, EE.UU.

 

 

 

Gracias por concedernos esta entrevista, doctor Lara-Valle, nuestra primera pregunta es ¿Cómo decidió ser médico?

Cada médico, como cualquier otro profesional cualquiera sea su campo, son seres que han tenido alguna influencia personal que los ha dirigido en ese camino. Una carrera profesional no es un talento otorgado por Dios, como sería el haber nacido con una voz privilegiada por ejemplo y convertir a ese ser en una figura mundial. Una carrera es algo que Dios nos ilumina para que saquemos de lo mas profundo de nuestro ser, con mucho trabajo, algo que podemos moldear con el tiempo. En mi caso, mis padres siempre me apoyaron cualquiera fuera la decisión que tomara, en cuanto a mi educación se refiere, de tal manera que no puedo decir que ellos “me obligaron a tomar esta ruta”. Fue más bien todas las peripecias que yo sufrí, cuando desde muy niño comencé a padecer asma durante los inviernos limeños. En ese entonces mi madre, me llevaba a cuanto especialista en neumología aparecía en Lima. Tempranamente, me di cuenta de la falsedad de uno de los tantos mitos acerca de esta enfermedad y que perdura aún en el siglo XXI. Recuerdo que los médicos de ese entonces en lo “único” que se ponían de acuerdo era que no me asustara que “mi enfermedad se iría con el cambio de vida de la pubertad”. Yo sufría de asma exclusivamente durante los meses de invierno. Pues bien, la pubertad me llegó, la pasé, me llegó los años de la adolescencia y en el quinto año de secundaria en 1957, después de nuestro regreso de viaje de promoción, el invierno terminó, llegó la primavera y luego el verano, por primera vez en mi vida en estas estaciones que siempre fueron las buenas, también se hacían malas.Y mi vida se hizo por demás miserable, mi calidad de vida estaba por los suelos. En ese entonces, tenía una furia contra los médicos, que no podían hacer nada por mejorarme. Sólo unos cuantos días con esteroides me hacían sentir más o menos bien y luego volvía a lo mismo, y luego resultaba que tampoco me podían recetar esa medicina en forma continuada, por las reacciones secundarias que ellos temían, podían aparecer en mí.

Hasta ese entonces, yo miraba a la profesión médica, con bastante desdén. Estando en esta situación, tan desesperante, un día me llevaron a un alergista que había llegado recientemente de Italia.Se inició el trabajo de diagnóstico, era más o menos al comienzo del mes de febrero de 1958 - en pleno verano y hasta entonces nunca había tenido problemas de asma en los veranos-, se inició la terapia y los consejos para mejorar el medio ambiente de mi casa, y más o menos para mediados del otoño de 1958, mi vida comenzó a cambiar para bien, paulatinamente, pero en forma segura.

siguiente