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EL ESPÍRITU HEREDIANO


PALABRAS DEL DOCTOR ROGER GUERRA-GARCÍA A NOMBRE DE LOS INCORPORADOS EN LA CEREMONIA DE NUEVOS PROFESORES EMÉRITOS

Dimos lo mejor de nuestra vida a esta institución; la vimos nacer, admirada y respetada; la vimos crecer como institución abierta, y de calidad. Ahora, cuarenta años después, la vemos madura, sólida, sirviendo al Perú como fue el propósito de los fundadores: Hurtado y Delgado, y de los centenares de profesores y alumnos que sin vacilar les siguieron en la gesta. Pero ahora el Perú, nuestro país, es otro, más pobre y desigual, difícil, casi ingobernable.

En esta tradicional ceremonia herediana debo agradecer en representación de los otros profesores la distinción que recibimos. Somos con los Drs. Berríos y Calderón fundadores de la universidad y de los más jóvenes renunciantes al viejo y querido San Fernando, hablo también en representación de los Drs. Valdivia y Zaharia, distinguidos oncólogos del INEN, y apreciados amigos.

Nuestro agradecimiento es el mejor hacia los profesores que guiaron la formación médica que recibimos en los cincuenta, en la Facultad de Medicina; que los de otros países la calificaban entre las mejores de Sudamérica.

Recuerdo de ellos, con respeto y gratitud, sus figuras circunspectas, su modestia en el vestir, puntuales, correctos, justos en sus calificaciones. Sin duda, ellos nos marcaron, dejaron impronta en quienes les sucedimos en la difícil pero hermosa tarea de ser profesores de medicina.

Al alcanzar el estatus de eméritos, debo evocar a quienes fueron nuestros profesores en la antigua Facultad y luego colegas en la nueva. La mayoría no está más con nosotros, sus nombres están en mármol en las columnas del ingreso, y ello es simbólico pues juntos, unidos, conformaron la sólida estructura de nuestra Universidad.

Hoy empieza la primavera en el hemisferio, y el otoño en la vida de los profesores a quienes esta mañana la Universidad nos reconoce como eméritos.

Desde hace algunos años se le menciona, aunque sin precisión, esta mañana deseo expresar algunos conceptos al respecto; decía el Dr. García Rosell, fundador de esta casa y primer director de la Escuela de Post Grado: “Es indudable que la palabra espíritu, empleada en todos los tiempos y que es base de desarrollo y discusión de todas las corrientes filosóficas y religiosas no ha encontrado acepción precisa” ; de otro lado el diccionario otorga varias acepciones a la palabra espíritu, de ellas escojo: “Ánimo, valor, aliento, brío, esfuerzo”; al calificar con el adjetivo “herediano” me refiero a las características de las autoridades, profesores y alumnos fundadores de la UPCH, dedicados a la enseñanza y aprendizaje de la medicina.

Planteo que el Espíritu Herediano se forjó en la Facultad de Medicina de la Universidad San Marcos en la década de los cincuenta, y fue esencial en la gesta que dio nacimiento a la nueva universidad y en los difíciles años de inicio; dejo el interrogante de si tal Espíritu Herediano se mantiene, y la reflexión sobre la conveniencia de acrecentarlo.

Acerca de la educación médica y el espíritu inherente decía hace cincuenta años mi maestro don Alberto Hurtado lo siguiente: “La tarea y responsabilidad de desarrollar un espíritu creador y curioso, pleno de inquietud y a la vez modesto y consciente de las imitaciones que emanan del ejercicio de una ciencia plena de interrogantes, pertenece por igual al maestro y al alumno.” ( Conf. en la Univ. San Agustín, Arequipa, Agosto 1954. Anales de la Facultad de Medicina 38: 1955).

Al saludar al cuerpo docente y delegados estudiantiles en el Centenario de la Facultad de Medicina en 1956 dijo: “Ninguna Facultad de Medicina es de veras grande si no es grande el espíritu que anima a sus maestros y discípulos. Vigorizar este espíritu y animar su acción es la responsabilidad de todos. Solamente así podremos cumplir el deber que tenemos para con nosotros mismos y para con el país.” (Anales de la Facultad de Medicina 39: 1956).

Un año después, dirigiéndose a los estudiantes de Medicina dijo : “Permitidme concluir invocando nuestro espíritu fernandino. En estos momentos cruciales y quizás decisivos para la calidad de educación que reciben y para el progreso de la medicina, la meta de nuestras inquietudes y esfuerzos no puede ser otra que la que signifique la elevación científica, académica y educacional de la institución universitaria a que pertenecéis.” (Anales Facultad de Medicina 40: 1957).

La referencia al espíritu fernandino se encuentra también en las expresiones de los primeros alumnos de la Facultad de Medicina al terminar sus estudios, así lo dicen Carlos Subauste en 1953, y Ricardo Cheesman, Promoción 1954: “Es ésta quizá la última oportunidad en que nos encontramos todos reunidos. Mañana los azares de la vida nos han de dispersar por diversos confines del país, pero antes de la despedida deseo pediros que el espíritu de nuestra querida promoción perdure siempre.” (Anales de la Facultad de Medicina, 38: 1955).

También Javier Mariátegui, primer alumno de la Promoción 1955 dice: “ Reafirmemos nuestra fe en el futuro; permanezcamos fieles a los ideales nacidos al calor de esta casa, para poder finalmente comprobar, concluida la jornada, que nuestras vidas han tenido un sentido, que nuestras vocaciones fueron logradas y que de alguna manera hemos cumplido un elevado destino en este mundo.” (Anales de la Facultad de Medicina, Volumen 39, 1956).

Sigue expresándose el espíritu fernandino en los discursos de los primeros alumnos, así Gutiérrez Correa, Promoción 1956 dice: “En el aula y en el hospital hemos aprendido a comprender la vida en su sentido de porvenir y al enfermo en su integridad humana. El espíritu de crítica, discernimiento, prudencia, curiosidad científica así como la simpatía, la abnegación sin el ruido de la vanagloria, la actitud cordial, son cualidades que a cada paso nos fueron demostradas.” (Anales de la Fac. de Medicina, 40: 1957)

He dicho al inicio del artículo que creo que el Espíritu Herediano se forjó en la Facultad de Medicina de la Universidad San Marcos, en la década de los cincuenta, y fue traído a la nueva universidad por los 400 profesores renunciantes; también es cierto que fueron los alumnos fundadores, los que contribuyeron a formarlo.

Deseo repetir ahora lo que dije muchas veces cuando tuve el honor de dirigir la Universidad: “La calidad que desde su origen tiene Cayetano Heredia la recibimos de la vieja casa de Unanue y Carrión, pues la nuestra, es la rama joven del viejo y glorioso tronco de San Fernando”.

Fue la creación de la universidad una gesta con espíritu, líderes y mártires ¿qué joven resistiría tal mensaje?. El Espíritu Herediano, es decir, el ánimo, valor, aliento, brío y esfuerzo existió; quizás no lo percibimos o palpamos al inicio, pero sin duda caracterizó a la UPCH en la época auroral.

¿Perdura este espíritu en la actualidad?.

Hay diferentes opiniones, pero sin duda es conveniente rescatarlo, avivarlo, de manera que siga caracterizando a nuestra Universidad; ello es más necesario que antes, pues la competitividad, la superación individual, y el egoísmo consiguiente que caracterizan a la globalización han impregnado a las instituciones peruanas; si nuestra Universidad mantiene los ideales de creación, entonces seguirá siendo diferente para bien, no sólo de la institución, sus profesores y alumnos, sino del Perú mismo.

Nota del Comité Editorial: Extracto de este discurso será publicado próximamente en la Revista Spirat.

 

Dr. Roger Guerra-García
Profesor Emérito
Titular de la Cátedra Alberto Hurtado
Ex Rector de la Universidad Peruana Cayetano Heredia

 
Facultad de Medicina de la Universidad Peruana Cayetano Heredia
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