Por lo general, se piensa que los médicos clínicos deben centrar su atención exclusivamente en diagnosticar y tratar los problemas de sus pacientes, dejando la investigación a los que se dedican a ella. En relación con esto creo, más bien, que clínicos que no hacen investigación tienden a quedarse estancados en sus conocimientos y capacidades.
De otro lado, cuando sí se hace referencia a investigación clínica, se mencionan exclusivamente estudios rígidos, de tipo doble ciego y controlados con placebo, en los cuales se prueba la efectividad de medicamentos. Un tema que está actualmente de moda es el de la “medicina basada en la evidencia”: evidencia acumulada también preferencialmente en lo que respecta a efectividad de medicamentos y, ante la cual, por ser aporte de países desarrollados, no queda más que someterse. Igualmente no queda más que someterse cuando en consensos internacionales se deciden definiciones, clasificaciones y formas de manejo de diversos problemas de salud. Un ejemplo notable es el de los Consensos Roma I y II sobre dispepsia y síndrome de intestino irritable. Yo veo un programa más amplio para la investigación clínica, y no sólo en el campo del tratamiento sino también en el del diagnóstico. En realidad, el diagnóstico constituye la base del tratamiento. Esto se percibe con más claridad cuando se precisa que diagnosticar no consiste únicamente en dar un nombre, poner una etiqueta, al problema que presenta un paciente; ni tampoco únicamente en diferenciar el problema de otros similares (diagnóstico diferencial); sino, sobre todo, en dilucidar, en la medida de lo posible, todos los factores determinantes del problema para poder controlarlo mejor. Y para llegar al diagnóstico se siguen los pasos del método científico o hipotético deductivo, como los concibe Russell: 1) Observación cuidadosa de un fenómeno; 2) Creación de una hipótesis o posible explicación del fenómeno; y 3) Verificación o refutación de la hipótesis, deduciendo de ella consecuencias que luego son puestas a prueba mediante observaciones adicionales o experimentos. Si el procedimiento diagnóstico va de acuerdo con el método científico, es lógico que para pasar de diagnosticar a hacer investigación basta con recorrer un breve camino, como lo hemos tratado de demostrar en publicaciones anteriores. En clínica nos enfrentamos constantemente con problemas no bien dilucidados. Tratando de entenderlos, revisamos literatura pertinente. Si la explicación que obtenemos nos convence, el problema en cuestión está resuelto. Pero, si la explicación no nos convence o sencillamente no existe explicación, no nos queda sino crear una hipótesis y ponerla luego a prueba mediante observaciones adicionales o experimentos. Para lograr todo esto en la práctica clínica conviene, como consecuencia, cultivar siempre una actitud crítica y sanamente escéptica, a la vez que imaginación artísticamente creadora; cualidades que pueden ser adquiridas, en gran medida, leyendo sobre e inspirándose en la vida y la obra de clínicos y científicos famosos.
Finalmente, lo más importante sobre el tema tratado es que, al hacer investigación, los clínicos nunca deber olvidar los aspectos éticos de la misma: buscar siempre el bien de los pacientes y evitarles cualquier mal, y conseguir de ellos un claro consentimiento informado sobre lo nuevo que se planea probar. En esa forma, y recordando todo lo que aquí he tratado de resumir, la investigación será sumamente provechosa para el bienestar de la humanidad doliente y el prestigio de nuestra amada profesión.
Dr. Raúl León-Barúa
Profesor Emérito, Profesor Investigador
Encargado de la Oficina de Promoción de la Investigación
Profesor de la Escuela de Postgrado “Víctor Alzamora Castro”
Titular de la Cátedra de Historia y Filosofía de las Ciencias y la Medicina
Universidad Peruana Cayetano Heredia, Lima, Perú.